Historia de las Divisiones Panzer en la Segunda Guerra Mundial

Sd Kfz 7/1

Al final de la Primera Guerra Mundial, los tanques ya se consideraban la nueva arma que sería decisiva en las batallas del futuro. No sólo los soldados quedaban asombrados a su paso, también la población civil de todo el mundo admiraba los carros de combate. Parecía que ya nadie se acordaba de aquel camión semioruga que arrastraba un cañón pesado, pero los más expertos sabían que el Holt semioruga era el predecesor de los tanques que habían ayudado a los Aliados a alcanzar la victoria. Tras el final de la guerra, muchos países siguieron estudiando el camión semioruga Holt con fines militares, aunque originalmente era un vehículo agrícola.
Los automóviles que sólo tenían cadenas ofrecían más movilidad campo a través y más fuerza tractora, pero eran más lentos en carretera y tenían peor dirección. Por el contrario, los vehículos con ruedas eran más veloces, pero no daban buen rendimiento campo a través. Los semioruga tenían las ventajas de los dos y muy pocas desventajas. Sin embargo, presentaban un problema muy importante, que era lo difícil que resultaban de construir y de mantener.
Al darse cuenta de la magnífica fuerza tractora y movilidad campo a través de los semioruga, en 1932 el ejército alemán decidió desarrollar seis semiorugas militares, desde 1t a 18t. Se encargó a diferentes casas que desarrollaran este plan.
Krauss-Maffei se encargó del vehículo de 8t. Como esta compañía ya trabajaba con semiorugas desde 1928, en 1933 ya estuvo listo el primer prototipo, llamado KMm7. Esta primera versión evolucionó en el KMm8 y KMm9, y en 1936 llegó a la línea de producción el KMm10. Con este último modelo, el semioruga de 8t se designó oficialmente “Tractor Mediano de 8t (Sd.Kfz-7)”. La última versión, el KMm11, se terminó en 1938 y empezó a producirse en serie de inmediato.
La Wehrmacht utilizó muchos semiorugas alemanes, todos ellos excelentes vehículos diseñados por los mejores ingenieros. El semioruga de 8t destacaba entre los demás y era un tractor mediano excelente que se utilizó con diferentes finalidades.
Los semiorugas del ejército alemán, a diferencia de los estadounidenses, tenían la mayoría de las piezas móviles hechas con cadenas, lo que complicaba mucho su mecanismo y lo hacía más difícil de mantener. Por ejemplo, el freno diferencial (dispositivo para ralentizar la rotación de la cadena interior, de manera que el vehículo girara rápidamente) estaba diseñado para que encajara en el mecanismo de dirección. La suspensión, muy complicada aunque práctica en su fabricación, combinaba barras de torsión y ballestas, en las que se fijaban los carretones dobles tan característicos de los vehículos alemanes. El esfuerzo de los ingenieros estaba presente en cada detalle de los semiorugas, especialmente en el de 8t.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, se habían fabricado unas 1.200 unidades del semioruga de 8t. Muchos se utilizaron para remolcar el cañón de campaña pesado de 150mm o el antiaéreo de 88mm. Durante el transcurso del conflicto, algunas unidades se equiparon con armas.
Una de las versiones era el semioruga con una ametralladora antiaérea de cuatro cañones de 20mm (Sd.Kfz 7/1). En dos filas se disponían dos ametralladoras antiaéreas de 20mm modelo 38. El artillero se sentaba detrás de ellas y, mientras miraba por el visor autoajustable, determinaba la dirección del arma con una palanca manual. Para este cañón se necesitaban dos cargadores, cada uno de ellos sentado a un lado. El arma podía girar 360º, elevarse 100º y bajarse 10º. Su capacidad máxima de fuego era 800 cartuchos por minuto. El alcance máximo era de 3.700m (altitud) y 4.800m (distancia del suelo).
Como la ametralladora aérea con cuatro cañones se llamaba “Flakvierling 38 de 2cm”, el semioruga de 8t armado con ella se designó oficialmente “Tractor de 8t con Flakvierling 38 de 2cm” (Sd.Kfz 7/1).
Al principio de 1945, la Luftwaffe se desplazaba a todas partes con un batallón antiaéreo. Éste consistía en una batería de cañón antiaéreo de 37mm (nueve cañones) y dos baterías de cañón antiaéreo de 20mm (seis cañones cada una). Estas baterías constituían una efectiva barrera contra lo aviones que se acercaban al campo de aviación a baja altura. Pierre Crosstelman, un voluntario francés que se unió a las fuerzas aéreas francesas y que se convirtió en uno de sus mejores pilotos, declaró en relación a estos batallones: “En cuanto nos acercábamos a un campo de aviación alemán, disparaban una cortina de proyectiles trazadores que era imposible franquear. Había muy pocas posibilidades de escapar volando a baja altitud a través de aquella lluvia de fuego lanzada por 33 cañones a una velocidad de 250 cartuchos por segundo. Al más valiente se le ponían los pelos de punta. Después de la experiencia en el campo de aviación de Rheine, nadie más se atrevió a enfrentarse a la artillería antiaérea cerca de un campo de aviación alemán. Yo mismo tenía un sentimiento de inferioridad frente a la artillería antiaérea alemana. Nuestros pilotos estaban totalmente desmoralizados”.
Después de estas declaraciones, Pierre Crosstelman atacó un campo de aviación alemán con nueve cazas Tempest, de los que seis fueron derribados.
Como se ha visto, el cañón antiaéreo con cuatro cañones de 20mm era el enemigo más temido por los cazas de los Aliados que pretendían atacar las posiciones alemanas a baja altitud.
Asimismo, esta magnífica arma estuvo al servicio del ejército y las unidades Shutzstaffel, acosando a los Aliados también en los combates en tierra.

Año:1934-1945

Unidades: -

Armamento:

-Principal: Cañón 20 mm Flak 38 L/112.5

-Secundario: -

Blindaje: 0-8mm

Tripulación: 10

Motor: Maybach HL 62TUK o Maybach HL 64TR de 140CV

Velocidad: 50km

Autonomía: 250km

Peso: 11,550kg

Dimensiones:

Alto: 3.30m  / Ancho: 2.50m  / Longitud: 6.80m

Al final de la Primera Guerra Mundial, los tanques ya se consideraban la nueva arma que sería decisiva en las batallas del futuro. No sólo los soldados quedaban asombrados a su paso, también la población civil de todo el mundo admiraba los carros de combate. Parecía que ya nadie se acordaba de aquel camión semioruga que arrastraba un cañón pesado, pero los más expertos sabían que el Holt semioruga era el predecesor de los tanques que habían ayudado a los Aliados a alcanzar la victoria. Tras el final de la guerra, muchos países siguieron estudiando el camión semioruga Holt con fines militares, aunque originalmente era un vehículo agrícola.
Los automóviles que sólo tenían cadenas ofrecían más movilidad campo a través y más fuerza tractora, pero eran más lentos en carretera y tenían peor dirección. Por el contrario, los vehículos con ruedas eran más veloces, pero no daban buen rendimiento campo a través. Los semioruga tenían las ventajas de los dos y muy pocas desventajas. Sin embargo, presentaban un problema muy importante, que era lo difícil que resultaban de construir y de mantener.
Al darse cuenta de la magnífica fuerza tractora y movilidad campo a través de los semioruga, en 1932 el ejército alemán decidió desarrollar seis semiorugas militares, desde 1t a 18t. Se encargó a diferentes casas que desarrollaran este plan.
Krauss-Maffei se encargó del vehículo de 8t. Como esta compañía ya trabajaba con semiorugas desde 1928, en 1933 ya estuvo listo el primer prototipo, llamado KMm7. Esta primera versión evolucionó en el KMm8 y KMm9, y en 1936 llegó a la línea de producción el KMm10. Con este último modelo, el semioruga de 8t se designó oficialmente “Tractor Mediano de 8t (Sd.Kfz-7)”. La última versión, el KMm11, se terminó en 1938 y empezó a producirse en serie de inmediato.
La Wehrmacht utilizó muchos semiorugas alemanes, todos ellos excelentes vehículos diseñados por los mejores ingenieros. El semioruga de 8t destacaba entre los demás y era un tractor mediano excelente que se utilizó con diferentes finalidades.
Los semiorugas del ejército alemán, a diferencia de los estadounidenses, tenían la mayoría de las piezas móviles hechas con cadenas, lo que complicaba mucho su mecanismo y lo hacía más difícil de mantener. Por ejemplo, el freno diferencial (dispositivo para ralentizar la rotación de la cadena interior, de manera que el vehículo girara rápidamente) estaba diseñado para que encajara en el mecanismo de dirección. La suspensión, muy complicada aunque práctica en su fabricación, combinaba barras de torsión y ballestas, en las que se fijaban los carretones dobles tan característicos de los vehículos alemanes. El esfuerzo de los ingenieros estaba presente en cada detalle de los semiorugas, especialmente en el de 8t.
Al final de la Segunda Guerra Mundial, se habían fabricado unas 1.200 unidades del semioruga de 8t. Muchos se utilizaron para remolcar el cañón de campaña pesado de 150mm o el antiaéreo de 88mm. Durante el transcurso del conflicto, algunas unidades se equiparon con armas.
Una de las versiones era el semioruga con una ametralladora antiaérea de cuatro cañones de 20mm (Sd.Kfz 7/1). En dos filas se disponían dos ametralladoras antiaéreas de 20mm modelo 38. El artillero se sentaba detrás de ellas y, mientras miraba por el visor autoajustable, determinaba la dirección del arma con una palanca manual. Para este cañón se necesitaban dos cargadores, cada uno de ellos sentado a un lado. El arma podía girar 360º, elevarse 100º y bajarse 10º. Su capacidad máxima de fuego era 800 cartuchos por minuto. El alcance máximo era de 3.700m (altitud) y 4.800m (distancia del suelo).
Como la ametralladora aérea con cuatro cañones se llamaba “Flakvierling 38 de 2cm”, el semioruga de 8t armado con ella se designó oficialmente “Tractor de 8t con Flakvierling 38 de 2cm” (Sd.Kfz 7/1).
Al principio de 1945, la Luftwaffe se desplazaba a todas partes con un batallón antiaéreo. Éste consistía en una batería de cañón antiaéreo de 37mm (nueve cañones) y dos baterías de cañón antiaéreo de 20mm (seis cañones cada una). Estas baterías constituían una efectiva barrera contra lo aviones que se acercaban al campo de aviación a baja altura. Pierre Crosstelman, un voluntario francés que se unió a las fuerzas aéreas francesas y que se convirtió en uno de sus mejores pilotos, declaró en relación a estos batallones: “En cuanto nos acercábamos a un campo de aviación alemán, disparaban una cortina de proyectiles trazadores que era imposible franquear. Había muy pocas posibilidades de escapar volando a baja altitud a través de aquella lluvia de fuego lanzada por 33 cañones a una velocidad de 250 cartuchos por segundo. Al más valiente se le ponían los pelos de punta. Después de la experiencia en el campo de aviación de Rheine, nadie más se atrevió a enfrentarse a la artillería antiaérea cerca de un campo de aviación alemán. Yo mismo tenía un sentimiento de inferioridad frente a la artillería antiaérea alemana. Nuestros pilotos estaban totalmente desmoralizados”.
Después de estas declaraciones, Pierre Crosstelman atacó un campo de aviación alemán con nueve cazas Tempest, de los que seis fueron derribados.
Como se ha visto, el cañón antiaéreo con cuatro cañones de 20mm era el enemigo más temido por los cazas de los Aliados que pretendían atacar las posiciones alemanas a baja altitud.
Asimismo, esta magnífica arma estuvo al servicio del ejército y las unidades Shutzstaffel, acosando a los Aliados también en los combates en tierra.